La inteligencia artificial está transformando los procesos empresariales, pero su incorporación también plantea nuevos retos de seguridad y protección de la información. Rafael Nathani, formador y consultor, analiza en este artículo cómo aprovechar su potencial de forma segura y responsable.

La transformación digital está cambiando la forma en la que las empresas organizan sus procesos, gestionan la información y toman decisiones. La inteligencia artificial está acelerando todavía más este proceso.
Herramientas capaces de analizar documentación, generar informes, resumir información o automatizar tareas administrativas ya forman parte del trabajo diario de muchas organizaciones.
Pero cuanto mayor es la digitalización de una empresa, mayor es también su dependencia de los datos y de los sistemas que los gestionan. Por eso, inteligencia artificial y ciberseguridad deberían avanzar juntas.
La IA va mucho más allá de generar textos o imágenes. Puede utilizarse para analizar y comparar documentos, localizar información, preparar informes, organizar incidencias o apoyar la planificación, la gestión documental y el análisis de datos.
Esto no significa sustituir al profesional, sino permitir que dedique menos tiempo a tareas repetitivas y más a analizar información y tomar decisiones.
El verdadero valor está en los procesos
La incorporación de inteligencia artificial no debería comenzar preguntándonos “¿qué herramienta de IA compramos?”, sino “¿qué procesos de nuestra empresa podemos mejorar?”.
Identificar tareas repetitivas o administrativas que consumen recursos permite detectar dónde puede aportar mayor valor la tecnología. Especialmente en las pymes, no siempre son necesarios grandes proyectos: pequeñas automatizaciones bien diseñadas pueden generar importantes mejoras de productividad.
Cuando la IA entra en la empresa sin que la empresa lo sepa
Cualquier trabajador puede acceder a una herramienta de inteligencia artificial e introducir en ella contratos, presupuestos, datos de clientes, información económica o documentación interna, muchas veces sin conocer cómo procesa esos datos la plataforma.
Este fenómeno se conoce como Shadow AI: el uso de herramientas de inteligencia artificial sin conocimiento, autorización o supervisión de la organización.
El problema deja entonces de ser exclusivamente tecnológico para convertirse también en una cuestión de gestión y protección de la información empresarial.
La IA también está cambiando las amenazas
Los ciberdelincuentes también utilizan inteligencia artificial. Ahora resulta más sencillo crear correos fraudulentos convincentes, personalizar mensajes o desarrollar intentos de suplantación más sofisticados.
Por ello, la formación de las personas continúa siendo una de las principales líneas de defensa. Una empresa puede disponer de sistemas avanzados, pero un correo aparentemente legítimo puede conseguir que un trabajador entregue sus credenciales o facilite información confidencial.
Antes de implantar IA debemos conocer nuestros datos
No toda la información empresarial tiene el mismo nivel de sensibilidad. Las organizaciones deberían diferenciar entre información pública, interna, confidencial y especialmente sensible, estableciendo reglas claras sobre qué datos pueden utilizarse en herramientas públicas, cuáles requieren soluciones corporativas y cuáles no deberían salir de los sistemas internos.
Estas reglas deben ser conocidas y comprensibles para toda la organización.
Tecnología, personas y criterio
No se trata simplemente de utilizar más tecnología, sino de utilizarla mejor, de forma segura y responsable.
La incorporación de inteligencia artificial debe ir acompañada de formación, procedimientos y medidas adecuadas de protección de la información. La ciberseguridad ya no puede entenderse únicamente como responsabilidad del departamento informático: los datos y las herramientas digitales atraviesan prácticamente todas las áreas de una empresa.
Por ello, IA y ciberseguridad deben formar parte de una misma estrategia empresarial.
La cuestión ya no es si las empresas utilizarán inteligencia artificial, rara es la que no lo hace hoy en día, sino cómo aprovecharla para mejorar la productividad sin perder el control sobre los datos y la seguridad de la organización.
Ese equilibrio será uno de los grandes retos de la transformación digital empresarial durante los próximos años.
Esta entrada al blog es una aportación de Rafael Nathani, formador y consultor en Inteligencia Artificial, Ciberseguridad y Digitalización Empresarial en Pimpola Formación, ponente del evento ‘IA aplicada al Sector AECO: Herramientas y usos prácticos’ organizado por la Red CIDE en colaboración con la Fundación Laboral de la Construcción de Las Palmas.

